El amigo americano (Patricia Highsmith, 1974)

Título: El amigo americano.
Título original: Ripley's Game.
Año de publicación: 1974.
Editorial: Anagrama.
Traducción: Jordi Beltrán.


"...Después de dos días de análisis, Mossu le había confirmado que se trataba de leucemia mieloide y le había dicho que posiblemente le quedaban de seis a ocho años de vida, doce con un poco de suerte. Se produciría un ensanchamiento del bazo, cosa que en realidad ya había ocurrido sin que Jonathan se diera cuenta. Así pues, al confesar a Simone que la quería, su declaración había sido de amor y de muerte a la vez. Habría bastado para alejar a cualquier otra joven o para hacerle decir que necesitaba un poco de tiempo para pensarlo. Simone le había dicho que sí, que ella también le quería: Lo importante es el amor, no el tiempo. Ni rastro del espíritu calculador que Jonathan asociaba con los franceses...".


Llega un determinado momento en la vida de todo ávido lector de literatura criminal en el que se encuentra con Highsmith. Dada esta situación, el sujeto bien puede decidir ignorar esa vía e ir en busca de lecturas más ligeras y más optimistas, o bien puede zambullirse en el claustrofóbico mundo de una de las narradoras más fascinantes con las que cuenta el género. 

Patricia Highsmith, oriunda de Texas, perteneció a ese grupo de autoras que desarrolló el aspecto psicológico de las novelas criminales junto con Margaret Millar. No obstante, la etiqueta thriller psicológico se le queda muy estrecha, ya que sus novelas operan a un nivel muy distinto de lo que estamos acostumbrados a ver. Creo que lo mismo ocurre si intentamos emplear el término crook story, pues sus protagonistas distan mucho de ser ladrones profesionales o pistoleros a sueldo; a ella le interesan más las personas corrientes que se ven arrastradas por los acontecimientos. Sin embargo, y dado que ella misma en una entrevista se reivindicaba como autora de literatura criminal, tal vez sea ésta la forma más acertada de describir su obra. El documental "Loving Highsmith (2022)"dirigido por Eva Vitija, puede ser un visionado interesante para una mayor aproximación a su figura.

Su estilo clínico evoca a un bisturí de cirujano, frío y preciso en su prosa, dejando a un lado todo lo que no sea esencial para la trama pero deteniéndose a observar con atención el mundo emocional de los protagonistas; su uso frecuente del monólogo interior hace que el lector se vea arrastrado por un caudal de pensamientos siniestros. Así consigue crear un contraste muy particular entre la fría distancia que genera entre el lector y los personajes y, por otra parte, el consenso que el lector puede acabar desarrollando con el crimen que se comete. 

Patricia Highsmith retratada en Suiza, 1985.

Las novelas de Highsmith ofrecen una respuesta a la incógnita de qué ocurriría si decidiéramos dar rienda suelta a nuestras pasiones más bajas. Ella entiende que el crimen no tiene que ser únicamente fruto de la psicopatía o de la pura maldad, sino que también puede ser el resultado de una respuesta disfuncional ante circunstancias difíciles. La cuestión fundamental en ella es la transgresión: cometer un acto atroz, traspasando esa barrera infranqueable que supone acabar con una vida, y tratar de eludir el castigo social que, se supone, deberá ser impuesto en algún momento. Pronto se hace patente la imposibilidad de regresar a la plácida cotidianeidad de la que la persona transgresora disfrutaba inicialmente, pues ocultar la verdad a su entorno íntimo y a las autoridades estatales requiere de un estado de ansiedad y vigilancia sostenido.

Su personaje más conocido, Tom Ripley, entra de lleno en ese juego y siempre parece salir airoso. Su ambigüedad moral es sumamente desconcertante para el lector.  No es una persona que disfrute de matar pero si debe cometer asesinato con tal de acceder a cierto poder económico y a un estilo de vida aburguesado, lo hará sin pensarlo demasiado. Este bon vivant protagoniza cinco novelas de Highsmith, y la que hoy nos ocupa es la tercera de esta pentalogía.

La trama es relatada por un narrador omnisciente y se cuece a fuego lento. En "El juego de Ripley", Tom no es el protagonista pero juega un papel fundamental en la trama, de la misma forma en la que el titiritero entretiene a su público con sus marionetas sin ser visto. La marioneta en este caso es Jonathan Trevanny, un enmarcador de cuadros inglés que reside en Fointanebleau junto con su mujer y su hijo. Jonathan es, genuinamente, lo que solemos entender por una buena persona. Es honesto con sus clientes y no pretende estafarles, le dedica tiempo a su hijo y ama a su esposa con devoción. Jonathan y Simone llevan una vida humilde y austera, y él tiene una enfermedad terminal que pondrá fin a su vida dentro de no mucho tiempo. Antes de irse de este mundo, Jonathan sueña con dejar a su mujer y a su hijo algo más que los gastos de su entierro; pero la tienda que regenta no aporta muchos beneficios y los informes médicos no dejan lugar para el optimismo. Un hombre siniestro y patético llamado Reeves Minot aparece en el momento oportuno para ofrecerle un trabajo poco gratificante que, en compensación, le reportaría grandes ganancias. Como una cerilla encendida que cae sobre un suelo cubierto de gasolina, la propuesta de Minot viene a incendiar la frágil vida de Jonathan.

"El amigo americano (1977)", film dirigido por Wim Wenders. Protagonizado por Dennis Hopper y Bruno Ganz.

No puedo terminar la reseña sin antes recomendar la fascinante película con la que Wim Wenders llevó la novela al cine: "Der Amerikanische Freund (1977)", con Dennis Hopper y un inmenso Bruno Ganz. El film recoge el espíritu desolador de la novela y lo plasma en imágenes como sólo sabe hacerlo el director alemán. La atmósfera fría, pausada y ominosa que elabora plano a plano casa a la perfección con el libro.

Comentarios