La huida (Jim Thompson, 1959)


Título: La huida.

Título original: The Getaway.

Autor: Jim Thompson.

Editorial: RBA.

Traducción: María Antonia Oliver.


"Huir significa muchas cosas. Algo limpio y ligero, como el deslizarse de un pájaro a través del cielo. O algo sucio y rastrero; una serie de movimientos de cangrejo a través del fango, un proceso de trepar hacia adelante, de saltar hacia un lado y correr hacia atrás.

Es dormir en prados y en orillas de ríos. Es arrastrarse durante millas a lo largo de acequias. Huir significa caminos perdidos, trenes apartados, camiones destartalados, coches robados y dos amantes muertos en cualquier calleja perdida. Es comida sisada de los supermercados, vestidos robados en la sección de ropas; es robo y asesinato, sudor y sangre. La complejidad se vuelve simple por la alquimia de la necesidad".


¿Qué mundos de angustia insondable se esconden tras la máscara afable del ciudadano corriente, del trabajador sacrificado, del amoroso padre de familia o del vecino gentil? Es esa la pregunta que me asalta tras leer a James Myers Thompson (Oklahoma, 1906), más conocido como Jim Thompson. Durante toda su vida, Thompson arrastró una relación tortuosa tanto con el alcohol como con su padre pero sus allegados lo recuerdan como un hombre sensible, afable y educado; de ahí el contraste con la aridez que se desprende de su obra. "La huida" (1959) es mi segundo Thompson; recuerdo la misma sensación angustiosa cuando leí por vez primera al autor en "1280 almas" (1964), a ratos horrorizado y a ratos reprimiendo una carcajada, lo cual me horrorizaba todavía más si cabe. El humor inherente a la torpeza del sheriff Nick Corey es eclipsado repetidamente por la sombría crueldad que acecha bajo la placa de latón. Mariano Sánchez Soler, en un texto, lo describe con claridez envidiable: "...(Thompson) reconoce los impulsos del mal, los muestra...sus historias están llenas de pesimismo y desesperación". Desesperación es exactamente lo que transpira la obra de Thompson. Un ánimo exacerbado presa de  una tristeza profunda, de un odio salvaje y de un miedo atroz a lo que pueda acontecer; posiblemente lo mismo que Rudy Torrento experimentaba cada mañana antes del desayuno. Me remito a un fragmento de la novela reseñada para ilustrarlo:

"Un ratón acorralado debía de sentir lo mismo que Rudy Torrento sentía al tomar coniencia de cada día. O una culebra con la cabeza atrapada entre los dientes de una horca. Era un miedo enloquecedor, agresivo, ultrajante y furioso; una sensación de escalofrío que se iba apoderando del hombre cuya existencia dependía de él".

La deslealtad es otro elemento de peso en las novelas de Thompson. La desconfianza viene seguida de la consiguiente preparación; una toma de precauciones frente a una posible traición que, indefectiblemente, tendrá lugar en un momento u otro. La traición no se pone en cuestión, la duda estriba en cuándo sucederá. Así pues, todo se reduce a traicionar antes de ser traicionado. Los personajes de Thompson, en este sentido, están inmersos en una soledad terrible, pues sólo se preocupan por quienes les rodean en la medida en que éstos les son útiles en sus planes; sin embargo, si la ocasión lo requiriera, eliminarían a esas mismas personas de la manera más fría y desapegada imaginable, con independencia del amor o el aprecio que les profesan. Se diría que son personajes pragmáticos hasta el extremo; áridos y hostiles como el paisaje sobre el que se desarrolla su acción.

La novela, como el propio título indica, narra una huida tras el golpe a un banco de Beacon City. Los asaltantes que quedarán vivos tras el golpe son Carter "Doc" McCoy (protagonista de la novela), que tratará de escapar a México junto con su esposa Carol; por otro lado está Rudy Torrento, un hombre violento e impredecible, desleal y tramposo, y que sin embargo venera a McCoy a la vez que le teme y le odia. Torrento es demasiado impulsivo para sobrevivir en su profesión, pero supone un peligro fatal para aquellos que tengan la desgracia de toparse con él. El golpe tiene lugar bien al principio de la novela y el grueso restante de páginas está dedicado a las complicaciones con las que topan los personajes en su huida. El último capítulo no me lo he podido sacar de la cabeza todavía.

"La huida" (1972) de Sam Peckimpah.


Thompson escribe en tercera persona con narrador omnisciente; su estilo es contundente, con una prosa  que empuja la acción hacia delante. En algunas reflexiones o descripciones puede parecer algo vago o errático, pero tras esta primera impresión subyace una conciencia eficaz y precisa; la información que en ocasiones se le oculta al lector favorece un estado de confusión en el que se siente que se avanza a ciegas, al igual que los personajes. En menos de doscientas páginas, Thompson arma una historia apasionante, con pathos, y crea personajes profundos (no hay un solo personaje que no esté bien explicado) cuya breve vida literaria deja hambre tras de sí.

Existe una adaptación cinematográfica del 1972, dirigida por Sam Peckimpah y protagonizada por Steve McQueen, Ali MacGraw y Al Lettieri. La película favoreció la canonización de la novela base como clásico del género y, por otro lado, consolidó la figura de Thompson como gran autor noir, digno de sentarse a la mesa junto con Chandler y Hammett.

La Segona Perifèria editó en marzo de este mismo año "La huida", con traducción al catalán de Carme Geronès. Una hermosa edición y una compra provechosa para quienes lean en catalán.

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